“Todos sabemos que cada nuevo día es el primero para algunos y será el último para otros y que, para la mayoría, es solo un día más”.
¿Por qué desenterrar los recuerdos y traerlos al presente? Tal vez solo es un pretexto para lograr una catarsis. Sirvan las armaduras mentales y físicas esculpidas en el tiempo, como un escudo y brújula para enfrentar los desafíos de esta gran aventura.
A Toro Pasado, la historia de mi vida es una sinfonía en cuatro tiempos: niñez, juventud, adultez y si tengo suerte la vejez. Los recuerdos de mi niñez son juegos con pelotas, patines y amor de mis padres y la cual se vio alterada a los siete años cuando conocí el significado del trabajo vendiendo chicles en un campo de futbol. A los quince, decidí ingresar al Ejército Mexicano, así es que mi juventud no llevó un curso como el de la mayoría de chavos de mi edad. La cascada de alteraciones siguió en mi adultez, donde mi servicio militar voluntario culminó a los cuarenta y siete años. Y ahora, a mis casi sesenta el reloj de arena sigue su inexorable y persistente camino.
¿Acaso existen las vidas perfectas? Cada uno de nosotros ha tenido, tiene y tendrá sus propias batallas internas a resolver. El desequilibrio acecha día a día y cada decisión como un efecto mariposa altera el lienzo del destino. En un plato de la balanza, pesa el plomo de mis propios pecados y errores, y en el balance del fulcro, en el plato de contrastes, el contrapeso de mis acciones. Un equilibrio frágil, siempre en movimiento.
El resultado de la ansiedad provocada por el estrés de hace algunos años me acostumbró a comer rápido. Para combatir esta y otras más señales de alarma que mi cuerpo susurra, hago ejercicio y me mantengo aprendiendo de todo como un ritual contra la inquietud.
Antes me decía: ¡crece pronto! Hoy en medio de la multitud entre impulsivo y prudente, bizarro e indeciso, enfrento miedos, algunos viejos conocidos y otros tantos nuevos. Frente al espejo, mis preguntas diarias son: ¿Qué aprendiste hoy?, ¿qué tienes que agradecer?, ¿cuáles son tus nuevas propuestas? y un eco interno me responde: “Vive con lo que tienes y agradece tu vida actúa. Se flexible en tus planes y, por favor, no pierdas el hilo de tu historia. ¡Que te importe un carajo lo que piensen los demás y no te detengas hasta conversar con las ranas! ¡Atrévete a no gustar!”







